
Por: Héctor Méndez
En el ajedrez de la opinión pública, la gestión de un líder no solo se mide por sus acciones, sino también por su capacidad de encajar la crítica. Sin embargo, en Santo Domingo Este, parece que cualquier cuestionamiento hacia el alcalde Dio Astacio es respondido con un coro de voces serviles que buscan blindarlo de la más mínima disidencia. Como si de un espectáculo circense se tratara, los medios locales afines a su administración reaccionan con una sincronización casi coreográfica cada vez que alguien osa levantar la voz para señalar deficiencias o errores en su gestión.
La respuesta intransigente de estos portavoces oficiosos no solo es contraproducente, sino que además erosiona la imagen del propio alcalde. En comunicación política, es un axioma fundamental que no a toda crítica se le debe conceder la misma atención. Como bien apuntó el filósofo estoico Epicteto: «No es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a ello lo que importa». Cuando una administración responde con un despliegue histriónico ante cualquier reparo, lo único que logra es amplificar la crítica y evidenciar su fragilidad.
El problema de rodearse de aduladores radica en que, lejos de proteger, estos terminan infligiendo daño. Cuando la crítica razonada se convierte en herejía y la defensa acrítica en dogma, la gestión pública cae en un estado de autocomplacencia peligrosa. No hay peor enemigo para un líder que aquellos que le susurran al oído solo lo que desea escuchar, pues lo condenan a un espejismo de infalibilidad.
El alcalde Astacio debería comprender que la crítica bien intencionada no es una amenaza, sino una herramienta para la mejora. Filósofos como Nietzsche nos recuerdan que «lo que no nos mata, nos hace más fuertes», y es en la asimilación inteligente de la crítica donde se encuentra el verdadero crecimiento.
Si la estrategia de su entorno sigue siendo convertir cualquier señalamiento en una afrenta personal, no estarán blindando su imagen, sino debilitándola. La madurez política radica en saber distinguir entre la crítica constructiva y la malintencionada, y responder con inteligencia y no con berrinches mediáticos.
El tiempo dirá si Dio Astacio decide ser un líder que se nutre del debate o simplemente el epicentro de un círculo de focas aplaudidoras que, en su afán de protegerlo, terminan hundiéndolo.